miércoles, 25 de junio de 2008

Cuando veo tv. Cuando voy manejando. Cuando salgo a trotar. Siempre está esa imagen. Siempre está él, pero... ¿quién es él? Ni más ni menos que la imagen idealizada de quien quiero que esté a mi lado. Puedo creerlo, puedo sospecharlo. Pero él es alguien que no se puede no más.
Que perra, perra vida.

sábado, 14 de junio de 2008

"¿Conocen la historia del irlandés que preparó una cena descomunal nada más que para ver cómo lo querían sus amigis, y que se suicidó a medianoche con el cuchillo de la torta un minuto antes de que irrumpieran todos con la intención de darle una sorpresa?"

Pablo Azócar - "Natalia" - Página 45 . Editorial Cuarto Propio.

Estoy re-leyendo esta novela (aunque no me gusta llamarlo así) llamada Natalia de Pablo Azócar. Es increible como uno descubre cosas nuevas de algo que ya leyó (y funciona en otros casos tambien: leyó, vio, escuchó, etc.)
Ese fragmento de arriba me llegó ahora más que la primera vez que lo leí. Quizás porque ahora tomó otro significado.
Quería compartirlo por el simple hecho que creo que relata breve y brutalmente que quizás las cosas no llegan cuando nosotras las queremos, que las cosas no siempre resultan como las planeamos. Pero cada cosa tiene su tiempo y para aquello debemos cultivar la paciencia.
No digo que esperemos de brazos cruzados, mirando las cosas pasar; vamos por aquello que queremos, pero siempre pensemos que a veces, lo que queremos no es lo que necesitamos y cuando algo llega, jamás lo demos por sentado.
Tengamos paciencia, hay algo más sabio que nosotros.

lunes, 9 de junio de 2008

Cierro los ojos y está ahí. No sé muy bien cómo es. Ni cómo se viste, ni cómo es su voz, ni nada. Sólo sé que está ahí. Sólo sé que quiero que esté ahí. Que abra los ojos y que sea verdad. Que exista y sea para mí. Que no haya que decir nada, y se entienda todo. Que el amor exista, y seamos tan felices juntos. Que el resto del mundo desaparezca. Que estemos solos, y sea lo más agradable. Que no nos importe mañana. Que sea como debiera ser. Que esta vez lo encuentre, y que no se me pierda.

domingo, 8 de junio de 2008

Quizás, po.

Creo que fue por bailar solo. En parte porque así lo quise y en parte también porque no me quedaba otra. Éramos yo y dos más que -por cariño y mucha suerte- ya son uno solo.

Figuraba en medio de la gente que bailaba, se apretujaba y se besaba.

Yo.

Solo.

Fui mirado, tasado, evaluado y tachado de quizás qué tipo de hombre.

Me importó saberlo durante la primera canción.

En la tercera creo que se me olvidó. Fue ahí cuando supe que yo tenía el control. Como nunca antes, sentí que podía darme “lujos”.

Respondí a miradas, pero preferí mi vaso.

Me mantuve en el mismo lugar cuando se acercaron a mi lado, pero preferí mirar la pantalla y seguir sonriendo mientras me sentía presa de las ganas de alguien.

Y con la misma sonrisa me fui.

No sé bien qué hice o qué no hice, ni por qué ni nada. Pero me sentí bien. Me sentí mejor.

Sentí que tengo oportunidad en esto.

Y creo que fue precisamente por eso. Por bailar solo y disfrutarlo. Por disfrutarme a mí.

sábado, 7 de junio de 2008

Si se pierde, bueno... lo encontrará otra... pero yo lo encontré por una noche. Y estoy feliz por eso.

Siento la necesidad de plasmar esto de alguna forma u otra. Quisiera poder aferrarme a lo que estoy sintiendo, quiero que me dure por horas, días, semanas, meses y con esperanza diré años, quiero que me dure este sentimiento por todos los años que me quedan. Nunca nadie me había hecho sentir tan nerviosa, tan incómoda, tan fuera de lugar y que todo eso se sintiera bien, se sintiera correcto, porque simplemente eso estaba sintiendo. Nunca nadie había pensado un momento preciso para abrazarme, para que fuese sorpresivo, para que me tomara fuera de guardia. Anoche hizo eso, me lo dijo, más bien, me lo enunció. Y lo hizo, y lo hizo más de una vez y cada vez se sintió como la primera y volvía a lo mismo, pero cada vez mejor. Me hizo bailar sin ningún pudor durante 5 horas. Me hizo ir a mirarme al espejo 2 (o creo que fueron 3) veces, sólo para darme cuenta que no importaba, que tenía el maquillaje corrido, que se me estaba encrespando el pelo, que estaba un poco transpirada, pero daba lo mismo, me miraba igual. Sonrió 8 veces, las conté. Cada una de esas veces fue porque me mostraba todos los dientes, cada uno de ellos. Me pidió sin palabras que le hiciera cariño y fue tan extraño tocar a otro, que la piel fuese más suave, el pelo un poco transpirado, pero sin ser grasoso, la barba puntiaguda y delicada, la piel de su cuello tan delicada y firme. Acerqué mis piernas justo debajito de las de él. Me hablaba cerca, al oído. No se dio cuenta que nos quedaba poco tiempo juntos, apoyé mi mano lo más cerca de él que pude, estiré mi dedo meñique para que ojala rozara su mano. Él, en un acto sin ningún pensamiento, tan sólo siguiendo un impulso, apoyó su cabeza en mi hombro. Esos segundos fueron eternos. Me paralicé, pero no, anoche no se trató de lo que no hice y de lo que no fue, porque anoche lo fue todo. Me moví despacito y apoyé mi mano sobre su cabeza y le hice cariño. Tan extraño fue tocar a otro. No había tocado otro cuerpo de esa forma hace casi 4 años. Y esto se sintió mejor, se sintió tanto mejor.
Si se pierde, bueno... lo encontrará otra... pero yo lo encontré por una noche.
Y estoy feliz por eso.

miércoles, 4 de junio de 2008

¿o no?

Me gustaría tener esa perseverancia...
tener ese coraje,
tener esa fuerza de voluntad (suena tan grandilocuente),
para obtener lo que quiero.
Pero me veo chiquitita,
tan poca cosa...
¿quién la va a querer a esa?

Imponerme de tal forma que si me empujan y caiga pueda levantarme para ir nuevamente a la guerra.
Quiero tener ímpetu (esa palabra precisa).
Quiero saber cruzar las piernas y poder decir una oración de corrido.
Quiero poder entenderlo y sonreírle como si nada más importara.
Pero... ¿quién realmente obtiene lo que quiere?
Más bien, tenemos lo que necesitamos.
¿o no?